Cuando Kennedy Miller baja de la camioneta de alquiler en el Valle del Loira y contempla Les Sables Rideaux levantarse desde un acantilado escarpado, su mente solo calcula números: costos de restauración, deudas, tarifas de mantenimiento.
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Cuando Kennedy Miller baja de la camioneta de alquiler en el Valle del Loira y contempla Les Sables Rideaux levantarse desde un acantilado escarpado, su mente solo calcula números: costos de restauración, deudas, tarifas de mantenimiento. Este castillo medieval de setecientos años que acaba de heredar de un tío abuelo desconocido no es una herencia romántica, sino una carga que necesita venderse. Su amiga Emma, pragmática en su romanticismo, insiste que permanezcan en el lugar. Mientras exploran juntas las setenta habitaciones abandonadas hace cuarenta años, Kennedy comienza a sentir algo que no puede explicar: una extrañeza inquietante que permea cada rincón de la fortaleza.
Cuando Kennedy Miller baja de la camioneta de alquiler en el Valle del Loira y contempla Les Sables Rideaux levantarse majestuosamente desde un acantilado escarpado, su mente calcula inmediatamente los costos: restauración, mantenimiento, deudas abrumadoras. Para ella, este castillo medieval de más de setecientos años no es una herencia romántica, sino una carga que necesita venderse cuanto antes. Su pragmatismo tiene raíces profundas: criada por Nell Purdue y su hija Maree en Oklahoma después de que su padre la abandonara y su madre se suicidara, Kennedy aprendió desde niña que la realidad raramente es mágica. Su amiga Emma, que la acompaña, ve todo diferente. Desde el primer vistazo, Emma contempla un castillo de cuento de hadas, un edificio lleno de posibilidades sin explorar. Es lo opuesto de Kennedy: soñadora, romántica, convencida de que el mundo es un lugar de maravillas infinitas. Para llegar al castillo, deben cruzar un antiguo puente de piedra suspendido sobre un abismo profundo. Las puertas de entrada tienen el doble de la altura de una persona, y adentro descubren una fortaleza de proporciones descomunales: setenta habitaciones, múltiples torres que se elevan hacia el cielo, espacios que se expanden en niveles imposibles de comprender. Monsieur Perrault, el administrador de la herencia, les ha entregado un plano dibujado a mano que apenas orienta en la vastedad del lugar. Mientras Kennedy y Emma recorren las habitaciones polvorientas y silenciosas, la atmósfera comienza a transformarse. No es solo el peso de los siglos que cuelga en el aire, ni la sensación de abandono que impregna cada rincón. Hay algo más: una extrañeza palpable, una inquietud que desafía la lógica. Kennedy comienza a sentir que el castillo no está tan vacío como parece, que aguarda algo o a alguien. La fortaleza parece custodiar secretos que está a punto de revelar, y la decisión de Kennedy de vender podría no ser tan simple como imaginaba.
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