Un Buscador galáctico recorre un monumental museo construido por los Korlevalulaw, una civilización desaparecida. Entre colecciones de cien siglos, descubre fragmentos del pasado humano que despiertan una inquietante nostalgia.
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Un Buscador galáctico recorre un monumental museo construido por los Korlevalulaw, una civilización desaparecida. Entre colecciones de cien siglos, descubre fragmentos del pasado humano que despiertan una inquietante nostalgia. En un cosmos atomizado y frío, donde la humanidad ha renunciado a la cercanía emocional para perseguir la expansión infinita, un encuentro casual con una nave primitiva revela lo que se ha perdido en el camino hacia la madurez galáctica.
Hace diez mil años que la humanidad colonizó la galaxia, y con ello transformó su naturaleza. En un futuro donde los androides atienden todas las tareas serviles y la civilización se ha vuelto automática, casi impersonal, existe una profesión excepcional: la de Buscador. Estos raros individuos poseen el don de percibir conexiones imposibles, de ver significados ocultos en la yuxtaposición de objetos aparentemente inconexos. Su misión es recorrer los grandes acervos galácticos en busca de pruebas que validen hipótesis científicas de docenas de instituciones esparcidas por cien mundos.
Nuestro protagonista es un Buscador que ha llegado al museo de Norma, una construcción monumental y enigmática que bordea el ecuador de un planeta lejano. El museo fue erigido hace milenios por los Korlevalulaw, una civilización desaparecida cuyo destino permanece envuelto en misterio. ¿Se suicidaron en masa? ¿Se aniquilaron entre sí? ¿Evolucionaron más allá de la forma orgánica? La humanidad, ignorante de tener ilustres predecesores, ha transformado la construcción Korlevalulaw en el mayor acervo galáctico de la historia.
Vagando entre exponentes de diez siglos de colecciones humanas —desde microrganismos extintos hasta naves de los primeros viajes espaciales— el Buscador comienza a sentir algo incómodo: la nostalgia. Descubre las antiguas naves de la era heroica galáctica, cuando los humanos viajaban acompañados de sus amantes, cuando la vida era menos segura, menos austera, pero profundamente más cercana. En esos trechos de metal trabajado a la antigua, donde aún se perciben virtudes como la perseverancia, el valor y la esperanza, reconoce a sus propios antepasados.
Y en ese reconocimiento surge la pregunta que acosa a la humanidad contemporánea: ¿a qué precio se ha alcanzado la madurez galáctica? En su obsesión por lo infinito, por la expansión sin límites, ¿ha perdido la humanidad aquello que la hacía verdaderamente humana?