En 1865, Lord Morggine desafía una maldición al explorar un castillo abandonado y descubre esqueletos de moradores jorobados. Una voz cavernosa lo condena: todos sus hijos serán jorobados o morirán violentamente.
Descargar
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.
En 1865, Lord Morggine desafía una maldición al explorar un castillo abandonado y descubre esqueletos de moradores jorobados. Una voz cavernosa lo condena: todos sus hijos serán jorobados o morirán violentamente. Diecisiete años después, la maldición cumple su promesa. La mansión alberga a una familia destrozada: Frank acaba de tener gemelos normales, esperando que todo cambie. Pero durante el bautizo surge una amenaza sobrenatural. Una novela de horror gótico donde la sangre y el terror definen el destino de una dinastía maldita.
Noviembre de 1865. Lord Morggine se pierde cazando y descubre las ruinas de un castillo antiguo. Su mayordomo Richard le advierte sobre la leyenda: todos sus moradores fueron jorobados, y quien profane su descanso verá condenada su descendencia. Desafiando la superstición, Lord Morggine explora el interior. Al mover una columna, una cámara secreta se abre con esqueletos deformados. Una voz cavernosa pronuncia la maldición: todos sus hijos serán jorobados; si alguno nace normal, morirá violentamente.
La maldición cumple implacablemente. Su primer hijo, Frank, nace jorobado. Sus hijas normales mueren en accidentes trágicos: una por las escaleras, otra ahogada en el lago. Su segundo hijo, Edward, también nace deformado. Solo Nadja sobrevive jorobada.
Diecisiete años después, la mansión vive bajo la fatalidad. Lord y Lady Morggine están prematuramente envejecidos, destrozados. Frank, bondadoso, se casa y espera gemelos, alimentando esperanza de redención. Edward, rebelde y amargado, persigue a Florinda, una muchacha tosca del molino. Nadja, de ojos verdes y cabellera negra, vive enterrada en la mansión.
Durante el bautizo de los gemelos de Frank—criaturas hermosas y normales—la maldición resurge. La nodriza oye una orden: «¡Mátale!». Un águila real de ojos enloquecidos penetra por la ventana con garras extendidas. La familia enfrenta una nueva manifestación de horror: la maldición ordena sangre y muerte. La novela desvela cómo la fatalidad no tiene final y cómo el desafío a fuerzas antiguas puede condenar generaciones enteras a un destino inevitable.