Un lunes por la mañana, un aburrido oficial de tránsito en una pequeña ciudad francesa se topa con una fotografía que lo cambia todo: una joven mujer asesinada, con un mensaje codificado que desafía su ingenio.
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Un lunes por la mañana, un aburrido oficial de tránsito en una pequeña ciudad francesa se topa con una fotografía que lo cambia todo: una joven mujer asesinada, con un mensaje codificado que desafía su ingenio. Detrás hay una red oculta de cinco asesinos sofisticados operando desde internet, conectados por una pasión compartida y el deseo de reconocimiento mutuo. Thriller psicológico que abre las puertas a mentes criminales que planifican cada movimiento como un proyecto y comparten sus obras a través de códigos cifrados, siempre un paso adelante de la ley.
Todo comienza en una comisaría francesa de una localidad pequeña donde un joven oficial encargado de reconstruir accidentes de tránsito despierta monotonía en cada turno. Mientras regresa a su escritorio después de una mañana tomando medidas en una colisión vehicular, recibe un impacto visual que lo paraliza: la fotografía a color de una mujer joven, desnuda, con la garganta cortada, tirada en un terreno árido. No hay identificación evidente, pero sí un mensaje cifrado en múltiples idiomas que desafía su comprensión. Tras descifrar fragmentos en árabe, cirílico, sánscrito y chino mandarín, descubre una pregunta perturbadora dirigida a él: ¿quieres saber quién mató a la chica y dónde murió?
Paralelo a este descubrimiento, la narración se desplaza a una sala de chat privada donde cinco individuos de sofisticación intelectual se comunican bajo pseudónimos: Alpha, Bravo, Charlie, Delta y Easy. Se hacen llamar a sí mismos los Muchachos de Jack, en homenaje al infame Destripador de hace más de un siglo, un criminal que logró burlar toda persecución. Este grupo se formó gradualmente, comenzando con un manifiesto anónimo donde uno de ellos expresaba sus impulsos más oscuros. Sus miembros son jóvenes, educados, elocuentes e inteligentes, pero comparten algo indeleble: una inclinación hacia actos que trascienden los límites de la moralidad convencional.
Lo que distingue a este grupo es su sofisticación operativa. Utilizan eufemismos cuidadosamente elegidos para referirse a sus acciones, se refieren a la policía como la Gestapo con indiferencia burlona. Cada miembro realiza sus propios proyectos personales y se reúne periódicamente para intercambiar estrategias, técnicas forenses, precauciones de seguridad cibernética y, sobre todo, para compartir el reconocimiento de sus logros. Alpha, el fundador y mente más reflexiva, ha construido múltiples capas de anonimato digital para asegurar que nunca puedan ser rastreados.
Paradójicamente, a diferencia de la mayoría de los depredadores que buscan pasar desapercibidos, estos cinco disfrutan deliberadamente del peligro, de la sensación de burlarse de las autoridades. Comparten análisis académicos sobre técnicas forenses, discuten criminología, intercambian advertencias sobre cómo evadir pruebas, y todo bajo una camaradería que evoca grupos de apoyo o equipos deportivos. La tensión sube cuando algo inesperado sucede: un nombre de usuario desconocido irrumpe en su espacio privado, algo que se suponía era imposible. Esa intrusión los alarma profundamente.
La novela teje dos narrativas que convergerán inevitablemente: la del oficial de policía descubriendo su primer crimen realmente significativo, y la de una estructura criminal digital que opera con precisión quirúrgica, segura de su invulnerabilidad hasta que alguien toca la puerta cerrada de su santuario.
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