En el balcón de un apartamento en Harlem, Nik contempla la noche neoyorquina mientras Manny, desde el baño, advierte sobre una amenaza que ronda Staten Island.
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En el balcón de un apartamento en Harlem, Nik contempla la noche neoyorquina mientras Manny, desde el baño, advierte sobre una amenaza que ronda Staten Island. Tres meses han pasado desde que Nueva York adquirió vida propia, desde que sus seis representantes humanos dejaron de serlo para convertirse en algo mayor. Nik, un sintecho que ahora encarna la ciudad que nunca duerme, descubre que una onda de odio gigantesca y desconocida sacude su esencia. Alguien o algo está reescribiendo la narrativa de Nueva York desde afuera, y el cáncer que acecha es mucho más profundo que cualquier amenaza exterior.
Cuando Nueva York despierta a la vida, seis de sus habitantes excepcionales son elegidos para encarnarla. Nik, un artista sintecho que vaga por las calles de Manhattan, se convierte en la voz de la ciudad que nunca duerme. A su lado están Manny (Manhattan), formalmente elegante pero portador de cicatrices de un pasado violento; Veneza (Jersey City); Bel, Bronca y otros que luchan por entender qué significa ser humanos transmutados en algo mayor.
Tres meses después del nacimiento de Nueva York, Nik ha ganado un hogar en un apartamento sofisticado en Harlem gracias a la generosidad de Manny. Pero los lujos no lo sacian: necesita recorrer las aceras, oler el río, tocar la suciedad que define a la ciudad. Una noche, en el balcón, mientras contempla Harlem y los Heights, Manny le advierte sobre su complacencia. El Enemigo flota sobre Staten Island, amenaza dimensión tras dimensión, y Nueva York debe estar lista.
Lo que sucede después lo cambia todo. Una onda de odio colosal, inesperada, impactante, sacude a Nik desde fuera de la ciudad. No es el ruido ordinario de ocho millones de voces; es algo nuevo. Voces de Iowa, Alabama, Nigeria repiten narrativas falsas sobre Nueva York, leyendas negras que contradicen la realidad. El odio de los extranjeros ha aumentado exponencialmente, y Nik siente cómo sus raíces se retuercen bajo esa presión desconocida.
En una novela donde el sarcasmo colisiona con la ternura, donde el humor irreverente convive con amenazas genuinas, Nik descubre que el verdadero enemigo podría no venir solo del multiverso, sino de las mismas creencias que construyen a Nueva York. Porque cuando una ciudad se convierte en un ser viviente hecha de las esperanzas, los odios, los miedos y los sueños de millones, su mayor debilidad es la narrativa que cuenta sobre sí misma.