Mattie Carey viaja a Sidney para cumplir un acto de amor sin límites: ser madre de alquiler de su mejor amiga Gina, quien no puede tener hijos. Pero el apartamento que le ofrece no es el refugio silencioso que esperaba.
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Mattie Carey viaja a Sidney para cumplir un acto de amor sin límites: ser madre de alquiler de su mejor amiga Gina, quien no puede tener hijos. Pero el apartamento que le ofrece no es el refugio silencioso que esperaba. Jake Devlin, un compañero de trabajo encantador y misterioso, comparte el espacio, y lo que debía ser un año de dedicación exclusiva a su rol biológico se complica con un inesperado crecimiento de sentimientos que Mattie jamás contempló.
Mattie Carey ha tomado una decisión que cambiaría su vida: convertirse en madre de alquiler para su mejor amiga Gina, quien tras una histerectomía nunca podría tener los hijos que siempre soñó. Es un acto de amor sin precedentes, una forma de honrar la amistad de toda la vida y encontrar propósito después de una ruptura que la dejó vacía. Para llevar a cabo su plan, se muda a Sidney a un apartamento con vista al puerto, prestado por el hermano de Gina.
El primer día en su nuevo hogar promete ser perfecto. El bloque de apartamentos es elegante, con paredes blancas y puertas azules, y desde el balcón casi puede ver el puente de la ciudad. Pero cuando abre la puerta, una música ensordecedora la recibe como bienvenida inesperada. Al tocar para averiguar qué sucede, descubre que comparte el lugar con Jake Devlin, compañero de trabajo del hermano de Gina que está de paso en Sidney.
Jake es todo lo opuesto a lo que Mattie necesita: encantador, con una voz profunda como el chocolate y un carisma que la descoloca. Su llegada ha traído cierto desorden y los restos de una noche de fiesta. A pesar de la confusión, Jake ofrece compartir el apartamento durante su breve estadía y Mattie, sin alternativas mejores, acepta.
Lo que comienza como un inconveniente temporal se convierte en prueba inesperada. Mientras Mattie se prepara para los meses venideros, visitando médicos, tomando hormonas y esperando el milagro biológico que transformará la vida de Gina y Tom, Jake aparece constantemente en su camino. Detrás de su sonrisa hay complejidades: un hombre que visita viejos amigos en residencias de ancianos, que carga sus propias preocupaciones y afectos.
El conflicto es inescapable: Mattie se había propuesto pasar este año sin distracciones emocionales, dedicada por completo a su rol de madre portadora. Pero Jake, con su misterio y humanidad, se convierte en la distracción que jamás contempló. Entre el embarazo que realizará el sueño de sus amigos y el inesperado crecimiento de sus sentimientos, Mattie enfrenta un año donde las líneas entre sacrificio y deseo personal se vuelven borrosas.