A las tres de la madrugada, Elizabeth Hudson huye por las calles de Nueva York en tacones de Blahnik mientras un hombre grita su nombre desde una ventana.
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A las tres de la madrugada, Elizabeth Hudson huye por las calles de Nueva York en tacones de Blahnik mientras un hombre grita su nombre desde una ventana. Con apenas veintiséis años, es la empresaria más influyente de Manhattan, tercer fortuna del país. Pero esa noche descubre que ningún poder, ninguna riqueza, puede comprar lo que realmente importa. Una novela sobre ambición, lealtad y los secretos que guarda quien todo lo posee.
En las madrugadas silenciosas de Nueva York, cuando la ciudad descansa, sucede lo que las revistas de lujo nunca revelan. Elizabeth Hudson, empresaria de veintiséis años y tercer fortuna del país, abandona un apartamento en el Upper East Side mientras sus pasos retumban en adoquines. Un nombre desesperado rasga la noche detrás de ella. Esa noche, las reglas se han roto. Mark ha cruzado una línea que Elizabeth juraba inviolable, y la persecución termina donde siempre: en un taxi, en un edificio de treinta plantas, en la soledad de un ático que debería ser impenetrable.
Pero Elizabeth Hudson es mucho más que la belleza que detiene el tráfico en Manhattan. Es dueña de Hudson Enterprises, imperio ubicado en el corazón del Financial District, donde lidera con puño de hierro a un equipo de profesionales ligados por juramento de silencio absoluto y lealtad inquebrantable. Su oficina en la décima planta es el centro de poder desde el cual gestiona secretos de Estado, negocios millonarios y vidas enteras. Su arma secreta: una capacidad casi sobrenatural para leer el alma de las personas antes de confiarles su imperio.
Vive en Hall Rosé, el edificio más exclusivo de Nueva York. Su vecino es el Presidente del país. Su guardaespaldas, John, es la única persona que comprende que alguien tan omnipotente puede ser también frágil. Una noche, Elizabeth lo aleja deliberadamente, insistiendo en su libertad. Ese acto de independencia abrirá una puerta que jamás debería haberse abierto.
Detrás de los espejos de su vestidor sin límites, del acero gris de sus oficinas, del silencio impenetrable de su imperio, Elizabeth Hudson enfrenta la pregunta que ninguna cantidad de dinero responde: ¿qué queda cuando todo lo externo brilla perfectamente pero el corazón grita vacío?